Reducción en la calidad del producto: Una mala filtración puede generar impurezas, partículas sólidas no deseadas o contaminantes en el producto. Esto afecta directamente a su calidad y podría suponer el rechazo del mismo asociado a pérdidas económicas y a un daño a la reputación de la empresa fabricante, incluso podría llegar a multas o sanciones.
Pérdida de la productividad y la eficiencia: Una filtración ineficiente puede llevar a la obstrucción de los equipos, lo que provoca interrupciones en la producción. Estos paros generan pérdidas económicas y afectan a la programación de la producción y los plazos de entrega.
Riesgos para la salud: En la industria alimentaria y farmacéutica, la presencia de contaminantes podría afectar a la seguridad de los productos consumibles. Por otro lado, en entornos hospitalarios, la filtración es vital para evitar la propagación de patógenos, especialmente en áreas sensibles donde la pureza del agua es esencial, o en la prevención de la proliferación de bacterias.